«Los lazos que más aprietan» és l’opinió de Lourdes Llorente

Una gran parte de la sociedad catalana expresa su protesta e indignación por el exilio, por la prisión preventiva y por una causa judicial que no entiende. Se ha expresado con grandes y pacíficas manifestaciones, y también se ha expresado simbólicamente. Se utilizan lazos amarillos de papel, plástico y cartón. Se colocan en cualquier lugar en un intento de visibilizar esa protesta. Se llevan en la solapa. Se pegan en cristales y se cuelgan de balcones. Qué gran recurso los balcones de nuestras civilizadas sociedades.Y esa protesta sencilla, no ya pacífica sino incluso naíf, puramente visual y silenciosa, se ha extendido desde la sociedad civil a cargos institucionales más o menos relevantes. Ayuntamientos y conselleries se unen a la expresión simbólica de esa protesta.

De repente aparecen los defensores de la neutralidad, imparcialidad y de la necesidad de que las instituciones sean asépticas, limpias, puras, lo que además venden como libres de símbolos y expresiones, y se lanzan a sacar y arengar a quienes sacan esos símbolos. 

En Sant Cugat viviremos estos días nuestra pequeña y particular batalla, tras la denuncia hecha por Ciudadanos primero a la Junta electoral de zona, y después ante fiscalía. 
Su argumento entra en su lógica. Las instituciones deben permanecer neutrales, debe obedecerse a las autoridades, no se puede burlar la ley o los mandatos judiciales o de la autoridad. Pero la realidad es otra. No les molesta la existencia de un símbolo, sino que ese símbolo sea contrario a sus consignas. En realidad la ley se la pasan por el forro de los ideales, cuando se trata de su propio beneficio y son tramposos cuando les conviene. Podemos recordar que ninguno de ellos protesta cuando las instituciones son utilizadas por sus aliados como armas contra el rival político o cuando se utilizan con fines partidistas. No se les escuchó protestar cuando la policía venía a Catalunya bajo el grito del ‘a por ellos’, que muy aséptico y neutral no parece. No se les escuchó protestar cuando ‘la fiscalía nos lo afina’ o ‘controlaremos al Tribunal Supremo por la puerta de atrás’, tampoco cuando ministros y altos cargos acudían a una procesión religiosa de los novios de la muerte, que conculca cualquier principio básico de un estado aconfesional y cuyo simbolismo nos remonta a tiempos oscuros de nuestra historia. No se quejaron, sino que protagonizaron el publi-reportage que se hizo Arrimadas en el ABC el día de reflexión en las elecciones del 21-D. 

Pero el problema de la guerra de los lazos no es la hipocresía y el cinismo con el que sus contrarios enarbolan la ley, el orden y la paz social. El problema es que acabamos hablando más de los símbolos y no de aquello a lo que representan. Evitemos olvidar que lo importante son los presos políticos, exiliados políticos, procesados políticos. Y más importante aún, la causa por lo que lo están. 

Evitemos que los lazos nos aprieten finalmente a todos nosotros, hasta ahogarnos en un simbolismo inerte. Utilicemos símbolos y lazos, pero acompañados de una lucha real que consiga el reconocimiento de los derechos de nuestros presos, de nuestros políticos, de nuestro pueblo.

LOURDES LLORENTE és regidora de la CUP-PC

Aquesta columna apareix abans al Cugat.cat

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